27 de abril de 2014

Los mails, entre líneas

   A la mañana siguiente, a primera hora, recibí su respuesta. Formal y cordial como siempre, resolvía mis dudas sobre ciertos aspectos de la monografía, me advertía acerca de los peligros de mi investigación y valoraba mi iniciativa de aventurarme con un análisis teórico original. Eso, entre otras cosas. Más, entre líneas.
   Julián comenzaba pidiéndome disculpas por haber suspendido la cursada de ese día. Decía que no le había visto objeto continuar con la clase previa a la entrega de la monografíía, siendo que éramos tan pocos, y que yo había sido su “única interlocutora, la única que había leído (…)” el texto que se iba a trabajar esa tarde. Creía que había sido una sensación mía pero ahora que la leía, esa frase avalaba ciertos momentos en la clase en los que yo sentía que estábamos los dos solos en el salón, aunque estuviera repleto de gente. Hacia el final del mail, comentaba como a la pasada, que durante esa semana, se encontraría en el bar cercano a la facultad el viernes y el lunes, a las ocho de la noche, durante una hora, por si necesitaba de su consulta.
   El juego estaba abierto. Y yo comenzaba a entenderlo. Julián adelantaba dos pasos y retrocedía tres, para luego saltar diez y así, regresar y avanzar sucesivamente. Mareaba. Confundía. En los momentos en que me decidía a dejar de pensar y sentir por él, en que trataba de distraerme de él, Julián volvía al ruedo con una apuesta velada más fuerte. Los mensajes eran entre líneas, sutiles, apenas una luz entre las sombras. Lo que estoy segura, no sospechaba él, era que yo había advertido sus movimientos. Y yo sabía jugar. Y prefería apostar, perder y quedarme sin nada, antes que, parafraseando a Benedetti,  quedarme inmóvil al borde del camino. La próxima clase sería la entrega de la monografía. Luego de la corrección, el examen final. No faltaba mucho tiempo para que le confesara mis sentimientos.

LA ÚNICA QUE HABRÍA LEÍDO

El mundo se desvanecia alrededor 
sólo tu voz / nada más / la broma irónica / 
un poco de risa para disimular el marco 
/ risa a la cual me invadía ocultando / 
/ suspiros profundos / deseo de ser aire / 
/ de ser palabras para que tus ojos me miren / 
/ y pasar acariciando tus labios hasta el sonido 
sólo el sonido de tu voz y nada más / nadie más. 
No sé si para vos habrá sido igual. 
Yo me contenté con ser / al menos por ahora / 
/ temáticamente / 
/si querés ponerlo así: temáticamente 
tu única interlocutora. 

                                                   
                                     Laura Reed.

Próxima entrega: La entrega de la monografía.