Ahora era mi tiempo de retroceder dos pasos,
para luego avanzar. Por eso decidí no acudir al bar donde Julián había dicho
que iría a resolver consultas de sus alumnos. Sabía que en el fondo, él me
esperaba allí pero mi jugada era otra.
El día de la entrega del parcial había ido unas
horas antes a la facultad para estudiar en la biblioteca. Me había llevado un
texto de literatura alemana para terminar de leerlo pero apenas me podía
concentrar. Ansiosa, golpeaba sin darme cuenta, el piso con el taco de mis
botas negras, marcando un ritmo inexistente.
Dejé
pasar unos minutos de la hora fijada para no llegar tan puntual. Subí al tercer
piso con impaciencia. El taconeo de mis botas resonaba por las escaleras pero
se perdía en el ruido de los estudiantes que bajaban y subían los escalones. Sólo
cuando vi a Julián sentado al fondo del pasillo, frente al aula de profesores,
y avancé hacia él, tuve la sensación de que el aire se llenaba de silencio y
que el sonido de mis tacos retumbaba en el edificio. Al llegar hasta él, lo
miré y le sonreí.
-Hola.
-Hola, Laura –dijo, levantando la mirada.
Al mismo tiempo bajé mi rostro y lo saludé
con un beso en la mejilla, que creo que me desconcertó más a mí misma que a él. Creo que si hubiera
pensado en saludarlo así, no lo hubiese hecho.
-Disculpá que no me levante. Estoy cansado –comentó,
excusándose.
-¿Mucho trabajo? – dije – mientras revolvía
en mi mochila, buscando el parcial.
-Sí – contestó, al tomar la monografía que
le extendía. Me sonreía. Yo le devolví la sonrisa.
-Bueno… nos vemos en la devolución…
-Chau, Laura…
Dí media vuelta. ¿Eso era todo? Parecía que quería
decirme algo más.
-Laura…
-¿Sí? – volví sobre mis pasos.
-¿Vos cursás los teóricos?
-Sí, claro…
-La cátedra organiza una conferencia. Va a
traer a varios autores. Si te interesa, es el viernes a las cinco… ¿Le podés
avisar a tus compañeros?
-Sí, claro…
Me sentí feliz. Sabía entonces que lo vería
una vez más antes de la devolución del parcial. Porque de seguro, él estaría
allí. No iba a perderse la conferencia. Me había quedado mirándolo a los ojos
sin saber cómo continuar la conversación hasta que aparecieron unas compañeras
a entregar sus trabajos. Fue la excusa perfecta para huir. Ya me estaba
sintiendo incómoda por no inventar ningún pretexto para continuar hablando con
Julián. Lo saludé de lejos con un gesto
de la mano y me fui con una gran sonrisa y el alma escapándoseme en suspiros.
Próxima entrega: La conferencia.