Luego
de la conferencia, Julián se acercó a mí en la fotocopiadora para alcanzarme un
libro que había perdido en mi huída de su mirada. Sentí que el piso se movía bajo
mis pies cuando escuché que él decía mi nombre.
-Laura. Se te cayó esto – dijo extendiendo
su mano. Sus dedos rozaron con los míos. Apenas pude sonreírle con nerviosismo.
-Gracias, Julián…
-Me quedaría hablando pero tengo que… me
esperan.
Bajó su mirada pero no pudo ocultar la pena.
Yo, en cambio, estaba feliz. Sabía que volvería a verlo en quince días. Y
quince días pasaban muy rápido.
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13
de Julio. Había llegado la fecha de la devolución de la monografía-parcial.
Sala de profesores. Julián, sentado al fondo, contra una ventana. Me devolvió
la monografía mientras hacía las devoluciones a mis compañeros. Nota: siete. Mi
delirio interpretativo teórico había dado buenos resultados. Julián no me
estaba regalando nota. Ojeé el trabajo y
valía la pena quedarme un rato más releyendo las correcciones. Julián se había
tomado el trabajo de hacer una lectura muy detallista y sus comentarios
constructivos eran más que interesantes. Así que me senté dos sillas vacías de
por medio al lado de Julián y me detuve exhaustivamente en cada acotación que
él había hecho a mi texto.
Había
sido realmente detallista con las correcciones. Y por lo que observaba, era así
con todos mis compañeros. Otro motivo más para enamorarme. Miráme, Julián. Mis
compañeros pasan. Pocos se quedan un ratito más. Y yo sigo leyendo el parcial.
Cada
tanto, Julián me mira de costado. Seguro le incomoda que me haya quedado tanto
tiempo. Pero yo me siento incómoda también. Cada vez que percibo su mirada, me
sonrojo. Quisiera besarlo y salir corriendo. Pero me quedo.
-Podés
preguntarme, si querés…
Me
quedo muda por unos segundos. Trato de esbozar una sonrisa torpe.
-Sí,
cuando termine de leerlo bien, te pregunto – alcanzo a contestarle mientras
siento que toda la sangre del cuerpo se me acumula en las mejillas. Vuelvo a
enfrascarme en la lectura, tratando de que la blancura del papel se me
contagie.
Mis
compañeros siguen pasando uno tras otro. Escucho que uno de ellos desaprobó el
parcial. Debe tener apenas dieciocho años y está recién salido del secundario.
Julián le pregunta si ya cursó otras literaturas. Se lo recomienda antes de
rendir el final. Mi compañero, igual se va contento. Y no sé en qué momento
sucede ni cómo, pero de pronto me veo por unos segundos hablando con Julián. Me
pregunta si es la primera materia que curso.
-No.
Bueno, más o menos. Empecé recién este cuatrimestre la carrera. Cursé al mismo
tiempo Gramática, Literatura Alemana, Lingüística y ésta. Por ahora aprobé la
cursada de todas.
Julián
me mira con sorpresa.
-Te
metiste con materias complicadas.
Le
sonrío con timidez y vuelvo a la lectura de mi parcial. Habían pasado tres
cuartos de hora y decidí preguntarle sobre las correcciones. Hice un gesto para
levantarme de la silla y sentarme en la que quedaba enfrentada a él, pero
Julián quitó su mochila de la silla contigua a la suya y no pude resistirme a
semejante invitación.
(continuará)
Próxima
entrega: La devolución de la monografía (II)