18 de agosto de 2014

La devolución de la monografía (II)


   Julián había corrido la mochila, habilitando un lugar a su lado. Me senté, con el parcial en la mano y el alma a punto de huir de mi cuerpo de la alegría. Pocas veces fui tan feliz por estar cerca de alguien. La última vez que sentí eso fue con mi amor imposible de secundaria.
   Le hice un par de preguntas sobre la monografía. Me sentí la mujer más afortunada del mundo por tener sólo para mí, unos segundos su atención. El me explicaba, mirándome a los ojos y yo no podía evitar perderme en sueños (al mismo tiempo que tomaba nota mentalmente de sus acotaciones teóricas). Cada tanto (un par de veces, creo), sentía su brazo cerca del mío y hubiera deseado prolongar ese ínfimo roce durante siglos. Para remarcar ciertos comentarios, Julián tocaba mi brazo con sus dedos largos, queriendo llamar mi atención, cuando toda ella estaba puesta en su persona.
   Deseé que las correcciones no acabaran nunca y quedarme congelada en ese momento. Pero como dicen por ahí: la felicidad es breve. Y tuve que irme. No podía ser egoísta y quedarme más tiempo cuando había otros compañeros esperando las indicaciones de Julián. Sonreí y le agradecí. Me deseó suerte para el final. Yo también estaba deseando tener la nota de aprobación en la libreta. Era la llave para que comenzara algo entre él y yo.
    Salí de Puán con el corazón haciendo redobles de tambor. Cada vez faltaba menos para poder estar junto a él, para confesarle todo lo que sentía.
   Al llegar a casa, le mandé un mail agradeciéndole las correcciones.  El contestó al día siguiente. Me daba pié para seguir el intercambio, por mail, para consultarle cualquier duda que tuviera sobre el último examen liberador. Pronto sería el final. No sospechaba que estuviera tan pronto. No esperaba ver a Julián antes. Pero lo vería. Su siguiente mail, fue una invitación a la presentación de un libro que había escrito en conjunto con la cátedra de otra universidad en la que trabajaba.
   Era mi oportunidad para decirle lo que sentía. Estaba decidida. Iría a esa presentación. Y cuando terminase, me acercaría a él y se lo diría. Iba a jugármela.


   Próxima entrega: La presentación del libro. 

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