15 de enero de 2014

Más poesías para Julián + él y yo en el mismo bar (I)

En la esquina de la facultad de letras hay un bar. Me gustar ir ahí. Si bien se llena de estudiantes, es un lugar cálido. Tiene esas mesas y sillas de madera vieja, típicas de bares antiguos de Buenos Aires. En las paredes hay afiches enmarcados con autores de la literatura mundial. Siempre me siento bajo el cuadro de Hermann Hesse, en la mesa seis, que está pegada a una de las ventanas que da a la vereda. Me gusta, desde adentro, ver caminar a la gente en la vereda. Pero más me gusta porque descubrí que Julián pasa todos los lunes a las ocho menos diez de la noche, seguramente para dictar una clase en otra cátedra. Desde que tuve ese dato que me cito a mí misma allí, todos los lunes a las siete y media, para estudiar. Claro, luego de que veo a Julián, lo que menos puedo hacer, es concentrarme.
  Ese día había llegado demasiado temprano. Tenía que estudiar para un parcial. Cada tanto, para despejar la mente, me salían algunas frases sueltas que anotaba en una servilleta del bar. Líneas inspiradas por Julián.

    ANDAMOS QUE NO

En estas idas y venidas                                       
andamos                                                              
andamos donde sin rumbo                                  
buscando un rastro buscando
sin encontrar encontrando
perdida yendo y viniendo
sin saber sin querer sospechando
queriendo todo diciendo a medias
callando penando penando
con la angustia que quema el pecho
sin llorar riendo y llorando
poco me queda más la espera
la incertidumbre la agonía
así andamos.
L.R

     Cuando terminé de escribir la poesía, se abrió la puerta del bar. Levanté la vista. Se me cayó la birome de la mano. Era Julián. Vestía una remera de mangas largas, negra, ceñida al cuerpo, jeans azules y zapatillas. Cargaba unos libros bajo el brazo. Casi como un acto reflejo, me acomodé el pelo y sonreí. El no me vio. Tenía la mirada perdida en sus pensamientos. Se dirigió a la barra. Estaba solo. Se sentó, dejó los libros sobre una mesa y pidió un café. No podía dejar de observarlo. ¿Estaría esperando a alguien?
     Durante los siguientes minutos intenté concentrarme en el estudio. Fue imposible. Tenía a Julián en diagonal a mí. Solo. ¿Y si voy y le hablo? –pensé.
I

Si vas a negarme el ser
prefiero la ficción del ensueño                                            
 que más duele este silencio
cuando quiero decir y no puedo.
L.R.

Próxima entrega: Julián y yo en el mismo bar (II)


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