6 de abril de 2014

¿La tercera es la vencida?


  El beso estaba a medio camino de mis labios y los suyos cuando sonó el celular. Julián sonrió con incomodidad y alejó hacia atrás su cuerpo mientras atendía el llamado.
   -Hola. Sí… voy, me demoré un poco…– contestó con voz cargada de rutina – …media hora.... listo.
   Julián miraba el piso. Cada tanto levantaba su vista hacia mí. Yo me había quedado petrificada con las llaves entre las manos y el beso rondando en el aire. Jugaba con una de las llaves, girándola entre los dedos.
   -Perdón –dijo, luego de guardar su celular.
   -Está bien. Nos vemos en la clase…
   La llave se resbaló entre mis dedos. Julián se agachó a recogerla. Me las dio. Por un segundo sentí el calor de sus dedos largos en mis manos. Me miraba a los ojos. El tiempo parecía haberse detenido. Sonreía. Las palabras no surgían de ninguno de los dos pero era evidente que queríamos prolongar el momento. Entonces, me tiré en caída libre. Sin pensar, sin medir los efectos que podrían tener mis palabras, brotaron para estrellarse en la frialdad de la noche.
   -Te invitaría a tomar un café…
   -Me encantaría… -dijo sosteniéndome la mirada.
   -Pero…
   -Es tarde.  
   No podía creer lo que estaba sucediendo. Todavía me sentía un poco débil del desmayo y el mundo empezaba a girar bajo mis pies. No sabía cuánto más iba a poder resistir la conversación. A esa altura dudaba acerca de que fuera mi debilidad la que me hacía notar que él también deseaba quedarse o si era yo que estaba haciendo una novela de una simple despedida. Sin embargo, Julián seguía estaqueado al piso.
   -Qué pena –y las palabras seguían fluyendo de mi boca, cada vez me hundían más en el piso. Bajé la mirada.
   -No –dijo con seguridad, e hizo que levantara la vista-. Qué pena, no. Algún día tomaremos un café …
   Ahora sí que el mundo giraba pero adentro de mí. No eran delirios. Me estaba arrojando una línea.
   -Sí, claro… bueno, buenas noches…
    Julián se acercó despacio y me besó en la mejilla. Pude sentir el aroma de su perfume.
   -Buenas noches, Laura.
   Mi nombre quedó flotando en el aire, igual que el beso en los labios que nunca voló hasta mi boca. Pero yo sabía que no tardaría en llegar.
  

  Próxima entrega: Los temas subyacentes a la monografía. O leyendo entre líneas…

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