El beso estaba a medio camino de mis labios y
los suyos cuando sonó el celular. Julián sonrió con incomodidad y alejó hacia
atrás su cuerpo mientras atendía el llamado.
-Hola. Sí… voy, me demoré un poco…– contestó
con voz cargada de rutina – …media hora.... listo.
Julián
miraba el piso. Cada tanto levantaba su vista hacia mí. Yo me había quedado
petrificada con las llaves entre las manos y el beso rondando en el aire.
Jugaba con una de las llaves, girándola entre los dedos.
-Perdón –dijo, luego de guardar su celular.
-Está bien. Nos vemos en la clase…
La llave se resbaló entre mis dedos. Julián
se agachó a recogerla. Me las dio. Por un segundo sentí el calor de sus dedos
largos en mis manos. Me miraba a los ojos. El tiempo parecía haberse detenido.
Sonreía. Las palabras no surgían de ninguno de los dos pero era evidente que
queríamos prolongar el momento. Entonces, me tiré en caída libre. Sin pensar,
sin medir los efectos que podrían tener mis palabras, brotaron para estrellarse
en la frialdad de la noche.
-Te invitaría a tomar un café…
-Me encantaría… -dijo sosteniéndome la
mirada.
-Pero…
-Es tarde.
No podía creer lo que estaba sucediendo.
Todavía me sentía un poco débil del desmayo y el mundo empezaba a girar bajo
mis pies. No sabía cuánto más iba a poder resistir la conversación. A esa
altura dudaba acerca de que fuera mi debilidad la que me hacía notar que él
también deseaba quedarse o si era yo que estaba haciendo una novela de una simple
despedida. Sin embargo, Julián seguía estaqueado al piso.
-Qué pena –y las palabras seguían fluyendo
de mi boca, cada vez me hundían más en el piso. Bajé la mirada.
-No –dijo con seguridad, e hizo que
levantara la vista-. Qué pena, no. Algún día tomaremos un café …
Ahora sí que el mundo giraba pero adentro de
mí. No eran delirios. Me estaba arrojando una línea.
-Sí, claro… bueno, buenas noches…
Julián se acercó despacio y me besó en la
mejilla. Pude sentir el aroma de su perfume.
-Buenas noches, Laura.
Mi nombre quedó flotando en el aire, igual
que el beso en los labios que nunca voló hasta mi boca. Pero yo sabía que no
tardaría en llegar.
Próxima entrega: Los temas subyacentes a la
monografía. O leyendo entre líneas…
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